Juventud sin futuro abrió el camino a lo que hoy conocemos como 15M. A la vista de los hechos, podemos decir que la manifestación del Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid parece tener la misma ruta que se inició la década pasada. La cuestión que debemos plantearnos ahora ¿este es el inicio de un nuevo ciclo político que va camino de los errores del ciclo anterior o de verdad estamos ante un posible nuevo proceso constituyente del sistema en España? ¿Hay margen en el Estado para reformarlo? ¿Queremos reformarlo o construir uno nuevo?
Juventud sin futuro
«Sin casa, sin curro, sin pensión. Juventud sin miedo. Recuperando nuestro futuro.» era el lema con la que el colectivo «Juventud sin futuro» iniciaba su etapa como una de las semillas del 15M. Un colectivo del que saldrían figuras de la política española como Rita Maestre, Ramón Espinar, Isabel Serra o Eduardo Fernández Rubiño. Este colectivo se ponía de frente respecto a las reformas neoconservadoras de la Unión Europea que suponían un recorte presupuestario para salvar al capital, causante de la crisis económica.

A la receta de recortes presupuestarios, llevaba consigo un aumento exponencial del paro que provocaba impagos hipotecarios; provocando decenas de miles de desahucios cada año. Los bancos, tanto rescatados como no, hicieron su agosto a costa de su mala gestión hipotecaria (vendiendo hipotecas de alto riesgo como de bajo riesgo) obteniendo decenas de miles de inmuebles con los que especular una década después. Miles de personas y familias se vieron sin casa y con una hipoteca que pagar. El banco especulaba con sus viviendas y seguía manteniendo la deuda sobre la persona desahuciada.
El retroceso de las condiciones son evidentes: Juventud sin futuro luchaba porque las asalariadas tuviesen acceso a una vivienda en propiedad. Actualmente se protesta porque las asalariadas tengan el acceso a un alquiler.
Echar la mirada atrás nos da perspectiva sobre los años recientes donde la «nueva política» entra no solo en el Congreso de los Diputados, sino en el Gobierno de España y a gobernar en las principales ciudades del país como son Madrid y Barcelona. ¿Qué legado político nos ha dejado el 15M y sus protestas? ¿La clase trabajadora ha mejorado en algo sus condiciones materiales?
La nueva política
De la Plaza de Sol, pasando por el Parlamento Europeo y el Congreso de los Diputados a tener carteras ministeriales. La promesa se basaba en las reivindicaciones del 15M: Refundación del Estado y regeneración política, todo dentro de los márgenes que permitía el Estado.
Aquel parafraseo de “El cielo no se toma por consenso, se toma por asalto” que recogió Pablo Iglesias prestado de Lenin en sus Cartas a Kugelmann de Marx no fue más que retórica. Podemos no solo no tomó el cielo por asalto, sino que ni siquiera por consenso se acercó a ver las llaves de San Pedro. Podemos trabajó toda una legislatura en convencer al PSOE de salir de la Tercera Vía de Blair para volver a la socialdemocracia previa a Thatcher y a Reagan. Pero el PSOE se convenció más de usar a Podemos como escudo antibalas que como un socio de gobierno; aquellos politólogos de la Complutense que vieron la oportunidad histórica de traducir el 15M en un movimiento político institucional fueron convertidos en marionetas de usar y tirar. Más Madrid y Más País, plagado de personas que procedían de Juventud sin Futuro, fueron el ariete de la corrupción que permitió el desarrollo urbanístico del nuevo Chamartin con Manuela Carmena y Rita Maestre como máximas defensoras de un proyecto urbanístico que llenará los bolsillos de BBVA.
Uno de los errores más sangrantes fue el personalismo, que fue de lo que se ha caracterizado el proyecto institucional que surgió del 15M. Desde Podemos hasta Sumar, se han utilizado las imágenes de sus líderes en las papeletas.

Estos hechos llevaron a varias consecuencias. La primera: En cuanto el adversario político encuentra al rey, hace todo lo posible por agrandar mediáticamente su liderazgo y destruirlo en cuanto hay una oportunidad. La segunda: Una vez matan al rey, no queda más tablero de juego. Los proyectos políticos se convierten en una especie de proyecto personal que trabaja en el sálvese quien pueda. El tercero y el más importante: No hay espacio en el Estado para reformarlo.
La imposibilidad de reforma del Estado no solo parte del hecho jurídico, sino del mediático y empresarial. A los hechos nos remitimos, que la destrucción de Podemos -sin entrar en sus errores de base- se realizó sobre la línea de lo que permiten las normas. Si la estrategia de los adversarios para matar al rival político era ilegal, lo hacen pasar como legal. Si era legal, escurrirán la legislación hasta la última gota.
De los errores se aprende, ¿o no?
El Estado no está en el Congreso de los Diputados, ni siquiera en el ejecutivo. La soberanía del Estado reside sobre el capital privado, que no solo parasita el Estado mediante concursos públicos -que siempre tienen unos ganadores concretos- sino que compra voluntades de quienes quieren vivir de un sueldo Nescafé sentándose en un hemiciclo, donde sueltan monsergas y votan sí o no a lo que las trabajadoras de los grupos políticos les digan; porque, seamos honestos, ni leen ni redactan las Propuestas de Ley y las PNL (Proposición No de Ley) que presentan. Por tanto ¿qué hacer? ¿armar un nuevo espacio político que entre en las instituciones del Estado o mantenerse fuera de él?
Lo primero es evitar depositar la confianza sobre «un rey» y en la creencia de que no será lo mismo que quienes saltaron del 15M a vivir en un hemiciclo con sueldos de 100.000€ al año. Los contextos y las condiciones materiales son quienes modifican la conducta de los sujetos, por lo que es labor de los contextos no ceder el poder político a una figura o a su camarilla. Es importante señalar que el 15M fue un movimiento basado en la espontaneidad de las masas -que buscaba retornar a las aspiraciones de la «clase media» de los 2000- convirtiendo en unos oportunistas a los representantes del movimiento que buscan su retiro dorado en vez de la formación de un nuevo espacio político, con una masa ideologizada y con una hoja de ruta clara y nueva.
No solo es imprescindible conseguir las metas que se proponen ahora sobre cómo los rentistas viven del trabajo ajeno del arrendatario, sino que hace falta organizar políticamente y mediáticamente esa visión a otros aspectos de la vida. Porque los rentistas no solo están entre cuatro paredes, sino que también están en los lugares de trabajo, en nuestro ocio y en cómo las ciudades se construyen para que sean lugares de consumo; donde el dinero viaje en una sola dirección, su bolsillo.
