Me encontré hace unos días, o semanas, según cuándo estés leyendo este artículo, una publicación en redes sociales. Era un vídeo de una persona hablando del asesinato de Diana Quer. Decía que «la pobre… se encontró a las 3:00 sola en un pueblecito […] andando sola, preciosa, vestida por la calle». Afirmación que acompañaba de la siguiente: «Claro que puede ir preciosa, pero sola, joven, bonita y en un lugar oscuro. Eso se llama factor situacional de riesgo. ¿Es culpable? No, ni mucho menos. PERO ese factor situacional aumenta su riesgo«. ¿Estáis sorprendidas por estas afirmaciones? ¿Pensáis que realmente tiene razón? Tranquilas, hay más, está transcrito entero para que podáis reaccionar como es debido. El vídeo finaliza con lo siguiente: «Y luego están los factores de estilo de vida. Hay personas que tienen una mayor actitud victimal que otras […] Claro que te puedes vestir como te dé la gana. Pero si vas preciosa, con tu super minifalda y tu escotazo divino, no te quedes sola tía, a las 3:00. Cuando te has ido a la rave, no vuelvas sola andando por favor, porque eres un objetivo perfecto«.
El objetivo perfecto. Como con Caperucita y el lobo, ¿no debería haber sido Caperucita quien se diera cuenta de que el Lobo no era su abuelita? ¿No tendría que haberse percatado de que su abuela no tenía esos ojos? Si se hubiera fijado más, el lobo no se habría comido a Caperucita.
¿Qué significa que algo sea un factor de riesgo?
De manera definitoria, un factor de riesgo situacional (FRS) sería aquel factor de riesgo que aumenta la probabilidad de que ocurra un daño en una situación particular. Es decir, si en esta situación existe este factor de riesgo, hay una mayor probabilidad -estadísticamente hablando- de que ocurra el daño. En el ejemplo del vídeo mencionado arriba, lo vemos claro. Según la señora, si tú vas por de madrugada (FRS), sola (FRS) y vestida con una minifalda y escote (FRS), tendrás más probabilidades de que te violen y te maten. Como le ocurrió a Diana Quer.
Ahora, vamos a refutar o confirmar estos datos. Según un informe realizado por el Grupo de Trabajo SEXVIOL de la Universidad Complutense de Madrid, existen una serie de mitos relacionados con las violencias sexuales. En este informe hablan del mito de la violación real y de la cultura del miedo. Sobre esta temática, se comenta que este mito define la violación como un acto sexual que se da de manera forzada en espacios aislados, a altas horas de la madrugada, que se realiza por parte de un desconocido y en el que existe una violencia elevada que da lugar a unas consecuencias físicas y sexuales severas en la víctima.
En cambio, aunque se identifique- gracias a la cultura del miedo y estos mitos de los que hablamos anteriormente- un espacio público por la noche como el espacio de mayor riesgo para las mujeres; según los datos, hay un mayor porcentaje de delitos de violencia sexual en viviendas y anexos que en espacios abiertos. Por ejemplo, en 2019 los primeros representaban un 41,5% y los segundos un 24,3%. En 2020 los datos cambiaron, aumentando hasta casi un 60% los primeros y disminuyendo a un 6,2% los segundos, pero podríamos entender que esto se debe al confinamiento que hubo en la época del COVID.

¿Tienen las mujeres que tener cuidado con los desconocidos? ¿Es culpa de que ese día lleven una ropa determinada? Más bien, según el informe mencionado anteriormente, deberíamos concluir que no. ¿Y por qué no? Teniendo en cuenta que, de las 178 sentencias que se analizaron en este informe, un 43% de los atacantes eran personas con vínculos estrechos (amigos, familiares, vecinos, amigos de familiares…), podemos llegar a entender que no es que le hayas gustado a un desconocido por lo que llevaras ese día, sino que una persona cercana a ti se creía con el poder suficiente, sea por la razón que sea, para abusar de ti sexualmente.
La situación es la siguiente: los datos nos indican que todo lo que comenta la persona del vídeo, no tiene tanta relación con la consecución de violencias sexuales, al menos según las sentencias que se recogen en el informe ya mencionado. Y, aunque correlación no signifique causalidad, si ni siquiera existe una correlación significativa (los datos indican que estos factores no son los más relacionados con las violaciones), ¿cómo podemos decir que esos factores realmente son situaciones de riesgo? ¿Cómo podemos afirmar que, el hecho de ir sola por la calle, con una falda y un escote, incluso el hecho de «ser guapa» afectan a que después vayas a sufrir una agresión sexual? ¿No es acaso una afirmación que coarta libertades y que fomenta mitos que hacen que las mujeres tengan más miedo y se sientan más culpables cuando les ocurre algo?
Tiene sentido sentir culpa, claro que lo tiene
Como ya se ha indicado anteriormente en otro artículo de Sector Crítico, las emociones son válidas y, en muchas ocasiones, tienen una función. Al menos como personas que las estamos sintiendo y que estamos relacionando esa situación con nosotras mismas y nuestros actos. Si me ha pasado a mí, tiene sentido que lo relacione conmigo, ese locus de control interno, en cierta manera siento que me protege.
Si yo considero que lo que ha pasado es por mi culpa, por mi responsabilidad, me voy a sentir muy culpable, por supuesto. Pero esta sensación de responsabilidad y control, puedo llegar a sentir que me tranquiliza para el futuro. ¿Y por qué? Diréis o pensaréis. Sencillo, porque es muy difícil darte cuenta y sentir que no tienes el control de algo que te ha hecho daño. Si una persona se culpa, pensando cosas como «es porque fui por ese sitio«, «es porque llevé esa ropa«, «es porque iba sola«, «es porque no llevaba el spray de pimienta«, le da sensación de control. Le protege de las posibles situaciones que puedan pasar en el futuro. O al menos eso cree. Si en el futuro no pasa por ese lugar, no lleva esa ropa, no va sola, lleva siempre consigo el spray pimienta, se sentirá más tranquila, sentirá que tiene el control de las cosas, que no va a volver a pasar por eso tan duro que pasó.
Es normal creer que es tu culpa, si la sociedad te culpa, si una profesional te culpa, si estás escuchando en vídeos que «a esa chica le pasó porque iba bonita y sola».
Obviando la parte de que la mayoría de violaciones no se dan en un callejón, por parte de desconocidos, por la noche; pensemos en la cultura, en lo que hemos visto y escuchado siempre. Ya nos lo decían Nora y Jody y Daddy Yankee «Dime por qué tan solita a quién esperas, dime lo que necesitas y sin miedo te lo daré» […] «dime por qué tan bonita y sin nadie que te acompañe» […] «te vi tan sola que no me concentraba«. Si vas sola, necesitas compañía, si vas sola, es más lógico que se te acerquen. Eso es lo que las mujeres entendemos, y puede ser que por eso vayamos al baño en grupo, aunque esto quizá es solo una teoría.

Centrar la responsabilidad en la víctima es mucho más fácil y obvia el problema de base: Las relaciones de poder, el machismo, los abusos menos evidentes y sin fuerza física, sino más bien psicológica. Si culpo a la víctima, quito la responsabilidad del verdadero culpable, la persona que realiza la violación. La persona que abusa de su poder. La persona que comete el acto repudiable.
Ya se gritaba en las manifestaciones: «sola, borracha, quiero llegar a casa«. Aunque a algunos dirigentes políticos no les gustara, haciendo comentarios como el siguiente: «su forma de ver la vida propia de malcriadas que aspiran a llegar solas y borrachas«. Y es que, aunque la mayoría de violaciones no ocurran en estos términos, la reivindicación sigue siendo válida. Porque lo que no se quiere es que, si vamos borrachas, solas y guapas por la calle, eso sea una excusa para que el violador no lo sea tanto. Porque no queremos es que se rebaje la condena ante abusos sexuales porque «no hubo resistencia«. Porque ese tipo de argumentos son similares a los de «es que eres mi pareja, tendrías que tener sexo conmigo» o «no seas una microondas, si me calientas tienes que terminar«. El consentimiento no se da con un gesto, con una vestimenta, se tiene que dar de manera reiterada. Y, también, con deseo de tener esa relación sexual.
Si te opones, está mal, te estás resistiendo y es probable que recibas más violencia. Si no te opones y no te resistes, está mal, porque quizá eso significa que lo deseabas. El foco vuelve a ser el mismo. La víctima. Pero no el victimario. Y, como en la serie de Creedme, el proceso de denunciar -de manera pública, en una comisaría o simplemente con las personas de tu alrededor- se convierte en un juicio hacia tus actos. Buscando una justificación para lo que te ha ocurrido en la que, finalmente, se te señale a ti. Y no a aquel que los ha cometido.
Y si fuera un factor situacional de riesgo, ¿qué?
Pero, ¿y si esa persona ha abusado de mí, específicamente, porque me veía una persona vulnerable? ¿Eso le da derecho a abusar de mí? ¿Eso justifica el asesinato de personas como Diana Quer? Ojalá no. Aunque para unas personas esto es un sí rotundo. «Si no hubiera hecho eso, no le habrían asesinado«, hacer afirmaciones sobre el pasado, creyendo que somos capaces de adivinar lo que habría ocurrido, y sin ninguna manera de probarlo, es algo que nos encanta hacer, pero es irreal.
Si yo estoy pensando en si irme de vacaciones a Roma o a París, y finalmente decido ir a Roma, pero cuando llego a Roma resulta que me roban en el aeropuerto, no puedo ir al hotel porque no tengo el DNI, y encima está lloviendo a mares, no puedo afirmar realmente que «si hubiera elegido ir a París, lo estaría pasando mucho mejor«, porque solo afirmo esto con la información que tengo ahora, sobre lo que está pasando ahora, pero no puedo saber qué me habría pasado en una situación hipotética que no tengo ninguna manera de conocer. Por tanto, no, no puedo saber si Diana Quer no habría fallecido, si Laura Luelmo ahora seguiría con nosotras. No sé si las niñas de Alcàsser ahora tendrían una vida adulta y una familia -si es lo que ellas quisieran- en caso de que no hubieran ido por ese lugar ese día en particular. Y ojalá pudiera saberlo. Y ojalá pudiera viajar el futuro. Ojalá existieran afirmaciones categóricas para situaciones complejas. Serían más fáciles de solucionar. Pero no es así.
Pero, si fue por eso, ¿qué? ¿De quién es la culpa? ¿De quién es la responsabilidad absoluta? ¿De ellas por existir? ¿De ellas por ser? ¿O de ellos por violar y/o asesinar? ¿Qué deberíamos hacer entonces? ¿Educar a las personas que violan, que matan, para que no lo hagan, o armar a las personas que son violadas para que tengan herramientas que lo mismo no les sirven para nada en una situación como esa?
Deberíamos crear herramientas de prevención, herramientas de actuación y herramientas de protección para las víctimas. No debemos señalar. No debemos humillar. A quienes ya se sienten desprotegidas por un acto como el que han vivido, tenemos que hacerlas sentir que no están solas.
