Desde las Suffragette hasta Stonewall, desde el 15M hasta la PAH. Entrando también en las manifestaciones por la Sanidad Pública, o aquellas manifestaciones por el cambio en la estructura del Sistema Educativo. Pasando por la Marcha Negra o el LGSM (Lesbians and Gays Support the Miners). Las trabajadoras de Inditex y los guionistas de Hollywood. ¿Qué podrían tener en común todas estas cosas que menciono y que, puede que algún lector avispado llegue a pensar que están puestos ahí de manera completamente aleatoria? La emocionalidad. La rabia, la lucha, la frustración.
Se conoce la rabia o la ira como una emoción desagradable, aunque no se percibe solo desagradable sino como evitable. Algo malo que estaría mejor no sentir. Pero, ¿realmente es algo que tenemos que evitar?
Existen empresas que fabrican tazas que nos dicen que «sonríamos», que hoy va a ser un gran día para nosotras. Que «sonreír es de valientes como tú», o «sonríe, que la vida vuela». Y con esto nos transmite un mensaje: sonreír es lo bueno, lo contrario hay que evitarlo. Lo contrario es de «amargados«, lo contrario es de gente que no disfruta la vida. Así que, ¿qué tienes que hacer para disfrutar realmente la vida y no amargarte? Efectivamente, sonreír. ¿Y qué es lo contrario a sonreír? Estar enfadado, o, como hemos hablado antes, la rabia.
El mensaje es siempre el mismo: sonreír es lo que hay que hacer.
Es más, las librerías están llenas de libros de autoayuda con títulos como «El arte de no amargarse la vida«, «cómo hacer que te pasen cosas buenas» o «no hagas montañas de granos de arena«. La clave es esta, no te amargues, no estés mal, no tendrían que pasarte cosas malas y te voy a ayudar a que eso no te pase.

Pero no nos hace falta irnos a empresas que venden mensajes positivistas, ni a libros de autoayuda con mensajes para no amargarnos tanto; para entender por qué la rabia es algo tan señalado. Solo tenemos que irnos a las conversaciones de bar, o a los consejos que nos dan a veces nuestros seres queridos. Frases como «voy a decirte esto, pero no te enfades«, «no sé por qué te molesta esto, si es una tontería«, «alegra esa cara, sonriendo estás más guapa«, y un largo etcétera; denotan una moraleja. Las cosas son mejores si sonríes, si no te enfadas, si no estás triste.
Ahora vamos a otro análisis en el que quizá os haré un poco pensar. ¿Qué pasa cuando le contamos a alguien que estamos tristes por algo? Efectivamente, nos consuela. Nos dice palabras que nos ayuden a «remediar» esta tristeza. Nos abraza para calmarnos. Porque tanto la rabia como la tristeza tienen algo en común, son emociones que comúnmente se han llamado negativas. Pero si habláis un idioma, en este caso el español, entenderéis algo que me dijo una de las personas más inteligente que conozco: las palabras significan cosas. Según el diccionario, la palabra negativo/a (dicho de una cosa) significa: Mala, perjudicial o infructuosa.
Por tanto, cuando nos referimos a las emociones como negativas, podemos llegar a entender que es algo malo o perjudicial, y que por tanto, no deberíamos sentirlo y tenemos que evitarlo a toda costa.
Entonces, ¿para qué sirven estas emociones?
Entendiendo que la sociedad las concibe como negativas, ¿por qué puede ser esto? Pues, una posibilidad es que es como comúnmente se les ha llamado incluso desde el ámbito académico-científico. Se dice que las emociones que se llaman negativas están asociadas a eventos negativos, y que por tanto nos generan este tipo de emociones. Mientras que las emociones llamadas positivas se asocian a eventos considerados como positivos. Por tanto, gramaticalmente y de manera teórica, tiene sentido que las diferenciemos así: emociones positivas y negativas.
Pero muchas psicólogas nos negamos a utilizar ese término, ya que, se ha visto en muchos ámbitos que el vocabulario que utilizamos nos guía en nuestro día a día; además de que las cosas que nos ocurren en nuestro día a día puedan guiar nuestro vocabulario. Al final se convierte en un círculo sin fin que la única manera de cambiarlo es con la interiorización de este cambio en el vocabulario, a pesar de lo que nos ocurra a diario.
Cuando consideramos algo negativo, como hemos mencionado, significa que lo deshecharemos. Ahora bien, ¿por qué no deberíamos deshechar algo que nos hace sentir mal? En este caso por muchas razones, pero hoy no estamos tratándolas todas ellas, sino la que conviene al titular, porque mueven montañas.

Las emociones, en muchas ocasiones, nos motivan. Nos dan más ganas de arrasar con todo aquello que antes no nos atrevíamos. Nos movilizan. Sobre todo cuando tienen un significado detrás, cuando creemos en ellas, cuando además se dan de manera repetida ante una misma situación. Pensar y actuar en frío sí, pero no siempre.
Pongamos algunos ejemplos prácticos
Voy a poner un par de ejemplos que nos permitan entender a qué me refiero con esto.
La situación de Lorena
Imaginaos que Lorena está en una relación de maltrato. En este caso, ella sabe que lo está, pero es incapaz de salir. Su pareja le ha aislado del mundo, de las que eran sus amigas y de su familia. No sabe cómo salir porque le cuesta «atreverse», y, además, cuando discute con su pareja aparece lo que se llama la «luna de miel«. Le promete de todo y ella, desde siempre, se ha prometido que no tiene que tomar decisiones enfadada, porque le han dicho desde siempre que tomar decisiones en caliente es algo que no debería hacer. Pero, piensa: «¿qué me queda si no mi rabia? Es lo único que me anima a moverme cuando siento que no puedo más«. ¿Qué tenemos que decirle a Lorena? ¿Que no se enfade? ¿Que baje la intensidad de lo que está sintiendo? ¿Que «piense en frío«?
El problema de Ismael
Ahora os voy a poner otro ejemplo, esta vez hablaremos de Ismael. Ismael lleva un tiempo aguantando vejaciones en el trabajo, malos tratos y exigencias que no entran dentro de su contrato laboral. Hace un tiempo que no está a gusto con esto, pero no sabe cómo pararlo. Intenta no dejarse llevar por sus emociones, porque dicen que en el trabajo es primordial centrarse en lo importante (valga la redundancia). Hay que producir, trabajar, y cuando llegues a casa ya se termina todo.
Spoiler: no se termina. En casa te llaman, te mandan mails que esperan que respondas, y te hablan por ese supuestamente inocente grupo de WhatsApp. Un día a Ismael su jefe le hace un comentario fuera de lugar. Y este comentario le da tanta rabia que le dan ganas de dejar el trabajo, irse y mandar todo a tomar por saco. Pero no lo hace, porque ha aprendido que en frío se toman mejores decisiones.
¿Qué tienen en común Ismael y Lorena? Efectivamente. Ambos quieren tomar decisiones únicamente en frío. Porque es lo que les han enseñado. Es lo que les han dicho que tienen que hacer. Y es lo que gusta socialmente hablando. A ella probablemente le llamen exagerada, no es para tanto, «no te pongas así«. A él probablemente le digan que no aguanta nada, que ya sabe lo que es el trabajo, que menuda generación de cristal. Que ahora nos quejamos por todo, que reaccionamos por todo, que tendríamos que aprender a quedarnos callados.
Pero ya sabéis, ningún derecho se conquistó estando calladas. La lucha en silencio no molesta, y si no molesta, quizá no es tan fácil conseguir la meta que nos hemos propuesto. Por eso las huelgas de personal de vuelo tienen que hacerse los días en los que que más gente viaja. Por eso en las manifestaciones, cuanta más gente y más ruido que incomode, mejor.
¿Tienen que ser emociones que movilicen para ser válidas?
Las emociones no tienen que movilizarnos para ser válidas. Si no caeríamos en el mismo discurso que antes, pero enmascarado. Creeríamos que aquellas emociones que nos mueven a hacer cosas son las emociones que, aunque negativas, son válidas. Mientras que si nos paralizan, entonces «no deberíamos sentirlas«. Pero no es así, vale que son desagradables muchas de ellas y no nos gusta nada sentirlas. Eso no significa nada más que cuando las sintamos no van a ser la sensación que más nos guste en el mundo.
¿Tenemos que darle sentido a todo? No. No siempre todo tiene sentido. Otras veces, aunque lo tenga, no se lo encuentro. Y al final gasto más energía en encontrar un sentido que quizá no me aportará ninguna solución, que en el hecho de aceptar que es normal sentir emociones. Porque aunque no me muevan, aunque no signifiquen nada productivo, también tengo derecho a sentirlas. Las siento porque existen, porque evitarlas a veces es mucho peor. Siento emociones porque soy humana y me relaciono con mi entorno.
Pero, si te moviliza, si tiene un sentido, si te ayuda a tomar decisiones que en otro momento no te atreverías, quiero decirte que sí. Tienes derecho a aprovechar el momento y la motivación para hacer aquella cosa que no sabes si harás en otro momento. No. No eres una exagerada porque esa cosa que te está haciendo daño te haga sentir como te estás sintiendo. No es algo exagerado el hecho de que esa emoción que estás sintiendo sea la que te hace que tomes esa decisión. Y no. Tampoco eres una histérica.

Acabo de leer el artículo y la verdad que me ha parecido una tremenda maravilla, la manera de transmitirlo, el tema del que se habla y poniendo ejemplos en cada caso, yo solamente tengo que aplaudir 🫶🏽