«El fenómeno fue abrumador, nos llovían los avales. Cuando faltaban cinco días para que acabara el plazo, ya habíamos recogido 40.000, pero aún en esas últimas jornadas nos llegaron otros 17.000. El día de entrega era el 4 de mayo. Las dos noches anteriores, Koldo, un miembro de la candidatura, se quedó a dormir para custodiarlos»
Pedro Sanchez en Manual de resistencia.El número de tramas de corrupción relacionadas con la compra de mascarillas se empiezan a suceder al mismo ritmo que las tramas de corrupción urbanística allá por 2008. En años de bonanza económica, con un desempleo en torno al 8%; los cargos públicos se llevaban bolsas de dinero a casa, mariscadas y apartamentos de lujo por los servicios prestados. En 2020, mientras morían miles de personas cada semana y millones permanecíamos en nuestras casas sin poder salir, los cargos públicos usaban a personas de confianza a cambio de que conseguidores traficasen con material sanitario gracias al artículo 119 de la Ley de Contratos del Sector Público.
El mundo estaba parado, las calles estaban vacías. Los políticos solo tenían una cosa que hacer; gestionar y proveer material sanitario. Pero cuando la realidad supera a la ficción, los políticos encargaban a personas de su entorno gestionar no solo su labor, sino su única labor. Una gestión externalizada a cambio de yates y Ferraris que se pagaban, con gusto, del bolsillo de todos.
En estos casos, tanto políticos y empresarios tienen un fin común, usar al Estado para su propio beneficio. Usando nuestras instituciones como agencias de colocación, de subcontratación a precio de oro y servicios exiguos.
El nuevo relato de la corrupción
El 15M nace de la mano de una crisis económica de 2008 surgida de la corrupción política y bancaria. Tanto PP como PSOE actuaron ante ese descontento popular de forma coordinada, trabajando por mitigarlo de forma represiva. De aquella transición -que únicamente sirve como relato que romantizar- que ha quedado como un mero recuerdo, nacen nuevos partidos políticos como Podemos, Ciudadanos y Vox. Y figuras asociadas a esa nueva política como Alberto Garzón o Pedro Sanchez entre otros. Cada partido de la nueva política nace de forma distinta; por escisión, por invención de la patronal o desde la universidad. Cada uno capitalizando el descontento popular a su manera; posicionándose frontalmente contra la vieja política que terminarán por apuntalar en el poder años después.
Pero después de esta segunda transición, que tuvo más carácter teatral que práctico, los partidos del régimen del 78 aprendieron la lección y trabajaron en fagocitar a ambos lados de su espectro; a todos los partidos surgidos en el pos15M y utilizarlos como títeres de sus intereses. Tanto el espacio de Podemos -ahora de Sumar- como el que fue de Ciudadanos, como el de Vox, ha tenido un solo objetivo; ser la muleta que permitía a los partidos mayoritarios seguir gobernando.
De lo que no se percataron los nuevos partidos es que las cartas estaban marcadas desde el principio; las bases y la implantación territorial de los partidos trabajada durante décadas era una muralla y la institucionalización del PP y del PSOE junto con la LOREG, no permitirían un cambio político sin que los de la vieja política -si es que este concepto ahora tiene algún significado- fueran partícipes del gobierno. Mas si cabe, porque tanto PP como PSOE, trabajaron muy bien en calmar las demandas de un cambio de la LOREG que es lo único que podía cambiar el tablero de juego. Tanto en el plano mediático como en la discusión política en el Congreso y Senado, se aseguraron de seguir yendo de la mano para mantener las normas como estaban.
Debemos entender que, desde distintas parcelas, tanto PP como PSOE controlan las estructuras del Estado con diferentes actores ¿o es que algunos creen que hablar de jueces progresistas y jueces conservadores no es hablar de jueces con vínculos políticos? ¿o es que se cree que esos jueces de alto rango que terminan como ministros se despertaron un día con vocación política pero el día anterior eran seres tocados por la divinidad de la imparcialidad absoluta?. Un cambio estructural de partidos, de la expresión política que fuese, supondría eliminar elementos propiedad de unos y otros. Sería poner el Estado patas arriba y que los fieles de estómago agradecido, tuviesen que elegir un nuevo bando, con las consecuencias que ello podría acarrear.
En una sociedad donde prima la inmediatez, los nuevos partidos jamás supieron esperar los tiempos que impone la política para postularse como alternativa real de gobierno con aspiraciones de abrir un proceso constituyente -aunque dudo seriamente que algunos de estos partidos quisiesen plantear esta idea-. Se conformaron con las migajas de atraer políticamente a PP y PSOE a sus políticas; cosechando más éxitos Ciudadanos y Vox en este aspecto que Podemos, que fue más veces arrastrado por el PSOE que al contrario.
El nuevo relato es claro, no hay alternativas a los partidos tradicionales. Los partidos surgidos después del 15M han volado todos los puentes existentes para un nuevo proceso. La capitalización de las expectativas del cambio político y la decepción contraída por la imposibilidad de dicho cambio, ha llevado a los grandes partidos a no temer por su supervivencia, sino a reforzarse con ellos. Un ejemplo de ello es la derivada de los casos de comisiones tanto en el Ayuntamiento de Madrid como de la Comunidad de Madrid con la implicación del hermano de Isabel Díaz Ayuso y también, su novio, Alberto Gómez Amador.

La corrupción de nuevo a la portada
Koldo, a pesar de ser un miembro cercano de Pedro Sánchez y de Ábalos, parece ser que también salpica al Partido Popular. Según las informaciones en exclusiva de El Plural, el 3 de diciembre, Koldo García mantuvo una reunión en la Sede Nacional del Partido Popular en Génova 13 con Miguel Tellado; Portavoz del PP en el Congreso de los Diputados y número dos de Alberto Núñez Feijóo.
El cinismo de Miguel Tellado y Núñez Feijóo está cerca de un guión de una película de Spielberg. Unos días antes de salir esta información, tanto Feijóo como Tellado replicaban lo siguiente a Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados haciendo referencia al «Caso Koldo»: “Consciente por la información que tenemos […] usted lo sabía desde hace al menos más de tres años” “Está claro que lo sabía”. Después, Miguel Tellado, sentenciaría a Sánchez con un “el que calla otorga”.

De verdugos a víctimas
No sabe, no ve, no conoce ni a quién custodió sus avales durante dos días para volver triunfante a la Secretaría General del PSOE. Como tampoco sabía Alberto Núñez Feijóo quién era Marcial Dorado -aunque fuese conocido en los pueblos más remotos de Ourense- y si nos descuidamos, ni Isabel Díaz Ayuso sabía quién era su hermano Tomás ni lo que hacía su novio Alberto. La ignorancia es selectiva salvo cuando hay que exigir las mismas responsabilidades a la oposición con casos similares. Es el cinismo al más puro estilo Sálvame; solo que menos creíble. Todo esto impostando una falsa moral desde su tribuna en el Congreso de los Diputados. Sus entornos personales tienen a más protagonistas corruptos que The Wire, pero ellos no saben nunca nada.

Actitudes tan poco creíbles como la destitución de José Luis Ábalos como Secretario de Organización del PSOE y de Ministro de Transportes un caluroso 12 de julio de 2021, a la vez, el mismo día. Aunque hay una parte que no debemos olvidar de esa destitución fulminante de la primera línea, Ábalos pasó de cobrar 74.858,16 € como Ministro a 94.621,52 como diputado y presidente de la Comisión de Interior; a pesar de tener una menor responsabilidad mediática y ejecutiva, la degradación supuso casi 20.000€ más de sueldo anual. Ábalos que fue decisivo en el retorno de Pedro Sánchez al PSOE y a la toma de Moncloa, sale por la puerta de atrás con sueldo Nescafé mientras estábamos centrados en si Irene Montero era vetada por Pedro Sánchez para revalidar el Ministerio de Igualdad.
El nuevo relato es claro, no hay alternativas a los partidos tradicionales. Los partidos surgidos después del 15M han volado todos los puentes existentes para un nuevo proceso. La capitalización de las expectativas del cambio político y la decepción contraída por la imposibilidad de dicho cambio, ha llevado a los grandes partidos a no temer por su supervivencia, sino a reforzarse con ellos.
La bochornosa rueda de prensa de Ábalos donde se describe a sí mismo, de una forma cínica, como el único soldado en pie frente a un ejército numeroso, como David a las puertas de su lucha con Goliat, refleja cómo la corrupción política depende más del relato que de los hechos en sí. Da igual que a los Ministerios y Consejerías pueda entrar cualquier trepa para vivir su retiro dorado o que se sirvan de situaciones de emergencia nacional para hacerse millonarios y menos les importa ser ellos los responsables de las políticas públicas y de evitar parasitar lo de todos. Es curioso esas casuísticas del poder político donde, estando en una habitación de fumadores, el humo orbita a su alrededor sin invadir su espacio. Es curioso que, en el caso Koldo o en el caso del hermano de Díaz Ayuso, todo esté tan cerca y a la vez tan lejos.
A pesar de ello, la institucionalización de los conflictos sociales canalizada por partidos del post15M, nos ha devuelto a la casilla de salida; la corrupción como noticia reseñable del día, el uso de las instituciones públicas como centros de negocio y de tratos entre cargos electos -y su personal de confianza- y empresarios. Sus pugnas partidistas entre el Frente Popular de Judea y el Frente Judaico Popular y sus puñales personales para seguir en primera línea, nos ha llevado a un camino de no retorno donde la ciudadanía no tiene una nueva salida que busque un nuevo camino en el rumbo y las estructuras del Estado.
Porque nunca debemos olvidar que mover la correlación de fuerzas parlamentarias, e incluso llegar a la Moncloa, no dan por hecho el cambio de las estructuras del Estado y que las redes clientelares, que viven de nuestra ingenuidad, desaparezcan.
