Pedro Sánchez, a las 19 horas del 24 de abril, publica a través de su perfil de Twitter una Carta a la Ciudadanía en la que anuncia que está cuestionándose su continuidad en el frente del gobierno. Las causas de este cuestionamiento son vinculadas a la campaña de “acoso y derribo” que dice estar sufriendo tanto él como su esposa, Begoña Gómez.
En esta carta asegura que, a partir de una querella de Manos Limpias (una organización “sindical” de corte ultraderechista), empezó una campaña de “acoso y derribo” contra él y su mujer. Básicamente, para quien quiera leer la carta tiene centenares de artículos en la que la comentan ampliamente, pero me gustaría tratar otros asuntos en este artículo. Entre ellos, vamos a analizar los diferentes escenarios posibles, con sus diferentes causas y consecuencias y con sus pros y sus contras.
Qué escenarios se presentan.
Empezamos con el menos probable de los diferentes escenarios que pueden ocurrir el 29 de abril, día en el que Pedro Sánchez ha afirmado a través de su carta que comparecerá a los medios de comunicación con su decisión. Si Pedro Sánchez dimite, según el artículo 101 de la Constitución Española, configura que “el Gobierno cesa tras la celebración de elecciones generales en el caso de la dimisión de su presidente. El Gobierno cesante continuará en funciones hasta la toma de posesión del nuevo Gobierno.” Entonces, el Gobierno cesa junto con el presidente, pero el reparto de los escaños en la cámara baja seguiría igual, debido a que no hay ningún proceso electoral que lo modifique. El rey, entonces, previa consulta a los representantes de cada partido, procederá a escoger un nuevo candidato o candidata para la presidencia del Gobierno. Entonces, repetiríamos el proceso de investidura del presidente o presidenta del Gobierno, que recordemos, necesita la mayoría absoluta en la primera ronda de votaciones (los votos favorables de la mitad más uno de los diputados totales, en el caso del Congreso de los Diputados la mayoría absoluta se sitúa en 176 votos favorables) o mayoría simple en la segunda ronda de votaciones (más votos favorables que negativos). En el caso de que esta votación no sea favorable, se abre un plazo de dos meses desde el día de la votación durante los cuales el rey puede proponer nuevos candidatos o candidatas. Si tras estos dos meses no se ha investido a ningún candidato o candidata, el rey disolverá las cámaras legislativas y convocará nuevas elecciones.
Y entonces, ¿por qué creo que es el menos probable de los escenarios? La gobernabilidad esta legislatura, como bien sabréis, está siendo bastante complicada. El gobierno de coalición actual, formado por el PSOE y Sumar, se sustenta gracias a la aprobación y apoyo de diferentes partidos del hemiciclo, Esquerra Republicana de Catalunya, EH Bildu, BNG, PNV, Coalición Canaria y Junts. Este último partido, Junts, está sacando mucho partido del gobierno debido a las altas exigencias que le piden al gobierno de coalición a cambio de su voto a favor en diferentes leyes, voto sin el cual no sería posible alcanzar la mayoría absoluta en al cámara baja. Este gobierno no tiene mucho activo político en materia social, que es la para por la cual más cojean los socios de gobierno como Junts y PNV, entonces el ejecutivo basa su legitimidad en ser una alternativa al gobierno de Vox y PP. Como ya hemos ido viendo en sus gobiernos de coalición en diferentes comunidades autónomas, la censura ha sido una de las primeras medidas que han tomado, como por ejemplo la censura de una obra de teatro en un pueblo de Toledo porque los personajes aparecen en ropa interior, u otro ejemplo de otra censura a otra obra de teatro en Talayuela sobre violencia machista. El PSOE, entonces, supo transmitir a los ciudadanos que en ellos se encontraba la alternativa a todas estas gestiones nefastas de los gobiernos derechistas. Y si aun así Pedro Sánchez decide dimitir, los últimos sondeos apuntan a que la mayoría absoluta del PP y VOX es inminente. Un Sumar muy debilitado tanto electoralmente como internamente, y un PSOE que se resentiría de esta caída.
Una de las tesis que cada vez se está escuchando más para los que sostienen que Sánchez podría dimitir tiene que ver con el cercano horizonte de la llamada a la guerra en Ucrania. Estamos muy cerca las elecciones estadounidenses, en cuyas encuestas dan como ganador a Trump, que está en contra de mandar ayuda financiera a Ucrania para priorizar otros frentes como Oriente Medio o China. Esta acción dejaría a Europa sola delante Rusia haciendo inminente la entrada de España en el conflicto. La estrategia se dirige desde una burguesía muy a favor de la guerra que, a través de medios internacionales como BBC que están haciendo eco de la noticia, ninguno estuviera cubriendo el hecho que la denuncia parte de una información absolutamente falsa, dejando en muy mala posición al presidente del Gobierno. Si los viejos barones del PSOE dejan caer a Sánchez, es porque el monopolio nacional quiere hacer caer el gobierno. Se sospecha que es debido a la incapacidad de Sánchez de justificar poner en marcha la maquinaria de guerra en tiempo récord, cosa que sería mucho más fácil en un gobierno de PP y Vox. Esto sería una lectura un poco más elitista de la situación, y ante todo menos probable, pero no por ello imposible.

Y entonces, si no dimite, ¿para qué ha servido todo este jaleo? Pura política. Pedro Sánchez, afortunada o desgraciadamente (ya cada uno como lo quiera ver) nos ha sorprendido con jugadas maestras impecables. Una de ellas es la conocida llamada a elecciones después de unas municipales aparentemente desastrosas para la izquierda, pero que a falta de una semana de los comicios remontó a la épica posicionándose en escaños muy cerquita del PP, incluso mejorando los resultados de las anteriores elecciones de 2019 y conseguir una reelección de su mandato. En este caso, la jugada es magistral: como ya he comentado antes, la legitimidad del gobierno descansa en que VOX no llegue al gobierno estatal, por tanto, al ser atacado judicialmente por una organización afín al partido verde, y toda la campaña de los medios afines al PSOE y Sumar recuerden el peligro de la ultraderecha en unas posibles elecciones, reafirma y refuerza esta legitimidad postulándose una vez más como la alternativa hegemónica contra la ultraderecha.
Que haya compartido una carta sobre esto en concreto, de la manera en que lo ha hecho y en el momento en el que lo ha hecho no es casualidad. Podría estar páginas y páginas analizando las palabras de la carta, pero no quiero que sea el tema principal para tratar en este artículo. Tratando el tema de la carta de Pedro Sánchez y su ubicación en el tiempo, no es descabellado relacionar la fecha del comunicado de Sánchez con la campaña electoral en Catalunya, que empieza la noche del 26 al 27. En estas elecciones, el PSC, según las encuestas y por el momento, se posiciona con una cómoda victoria, pero que a medida que Puigdemont está haciendo acto de presencia en la agenda pública, las distancias entre las dos formaciones se van reduciendo considerablemente. En las elecciones europeas del 9 de junio también hay un empate técnico con el PP según las encuestas que conseguiría, una vez más, reforzar su imagen y la del partido para los comicios europeos. Aclarar que, el voto cambia considerablemente durante la campaña y hay que tener en cuenta que lo que estoy apuntando puede cambiar considerablemente.
Pedro Sánchez el estratega
También, analizando el escenario desde su izquierda, también beneficia mucho la imagen del “héroe de la izquierda” a Sánchez: El resquebrajamiento interno de Sumar y su incapacidad para mostrar el activo político mínimo de un partido de la izquierda alternativa hace que el PSOE absorba muchos de los votantes de Sumar más decepcionados con la formación de Yolanda Díaz. Las pugnas internas de Sumar, cada vez más notorias: primero con Podemos; ahora con Izquierda Unida y Más Madrid; en un futuro no muy lejano no podemos descartar que pase lo mismo con Compromís y los Comuns. Todo esto beneficia aún más al PSOE.
Esto es, a mi ver, los puntos por los cuales se ha regido Pedro Sánchez y su equipo de asesores para ejecutar este brillante movimiento político. Aprovecho para aclarar que no dudo de que el presidente esté pasando un momento personal horrible por culpa de las acusaciones tan graves hacia su mujer, solo por el hecho de serlo. Pero creo que decir que Pedro Sánchez esté pasando un momento horrible es totalmente complementario a decir que ha aprovechado este escarnio judicial y mediático para reforzar aún más su postura hegemónica dentro de la misma izquierda y como activo político clave para frenar a la derecha del PP y la ultraderecha más casposa de VOX.

También, y desde un punto de vista más crítico, el movimiento también es clave en este mismo momento para enterrar, al menos en un segundo plano, la problemática del turismo masificado en las Islas Canarias. Las masivas manifestaciones del 20 de abril en las Islas y en las principales ciudades españolas de la península provocaron que el problema de la vivienda, la gestión del agua, la gentrificación y todas las consecuencias del turismo desregulado se colocasen en el centro de la agenda política y social. Y como no puede ser de otra manera, el PSOE gobernó la pasada legislatura gracias al llamado «Pacto de Las Flores» en la que se prometían avances sociales muy importantes de la región como la ecotasa o la tasa turística, y nunca se aplicaron. La desarticulación de demandas populares a través del miedo a la ultraderecha es un plato recurrente en los diferentes gobiernos del PSOE, en el actual de manera mucho más notoria y este es un ejemplo claro.
Está claro que el Poder Judicial ahora le es un problema personal para el presidente, pero no lo fue tanto cuando mandó a infiltrar varios agentes de la Policía Nacional en diferentes organizaciones sociales e independentistas durante años, llegando a mantener relaciones sentimentales hasta el punto de convivir con activistas locales. Tampoco le molestó el poder Judicial cuando a través del lawfare, es decir, el uso del aparato judicial y mediático para desestabilizar políticamente al adversario, usaron un falso informe PISA para encausar al entonces líder de Podemos, Pablo Iglesias, con la financiación ilegal proveniente de Venezuela. O cuando encausaron a Alberto Rodríguez, diputado por Podemos por una supuesta agresión a un policía para la que no había pruebas. O cuando, a través del programa Pegasus, el CNI espió a los líderes del independentismo catalán.
Al final, la vida es lo que pasa mientras somos PSOEizados, una vez más.
