La eterna cuestión de la «izquierda» por posicionarse en todos los lugares del debate público, no es más que una trampa en la que cae constantemente. Llegar a todas las esferas del debate es deseable, siempre y cuando las cartas no estén marcadas. ¿Dónde está la bolita? dice el trilero mientras la izquierda sigue buscándola con la finalidad de, por fin, conseguir decir bien donde está la bolita. Pero la bolita no está ni estuvo nunca en ninguno de los tres vasos.
El juego está amañado
Twitter (X como nadie lo llama salvo Elon Musk) ha sido y está siendo utilizado por Musk y su equipo para favorecer los discursos de la alt-right y así llegar a la Casa Blanca. El estudio de Graham y Andrejevic para la Universidad Tecnológica de Queensland (Australia) lo deja claro; existe un incremento exponencial en las visualizaciones, repost y favoritos en la pestaña «Para ti» (lo que el algoritmo de Twitter te recomienda) después de estudiar otras cuentas como las de Ben Shapiro, Donald Trump o Tucker Carlson. Esta subida exponencial en dicha pestaña, no se corresponde con las de rivales como Alexandra Ocasio-Cortez, Bernie Sanders o Kamala Harris. Es más, las visualizaciones del propio Elon Musk en la pestaña «Para ti» han crecido en estos meses un 138,27%, y la de repost un 237,94%.
Es evidente que Musk ha convertido a la plataforma en su propio lugar de propaganda política y empresarial. Musk ha amañado el terreno de juego. Donde todos somos público objetivo y todos somos marionetas de sus deseos donde la alt-right, de la que él es parte, dirige el mensaje a su gusto. El movimiento de hace meses de Musk, de ocultar los «me gusta» estaba perfectamente calculado para las Elecciones Presidenciales de 2024.
Según parte del código filtrado en Reddit, los «Me gusta» es lo que mayor premio otorga a un tweet de cara a la visualización. Cuantos más «me gusta» más visualizaciones. Ocultar los «me gusta» jamás fue algo inocente, fue abrir la puerta a cientos de miles de bots de granjas en India y otros países. Estos bots comentan o dan sistemáticamente «me gusta» a los que sus clientes piden, para que estos llenen la timeline de discursos de odio (que el propio Musk ha despenalizado). Una muestra de que es una pocilga donde no hay nada que debatir, porque te han puesto fuera del plató a hablar cuando todos los demás están dentro del plató, siendo filmados por cámaras, mientras se dan la razón.
Es decir, la izquierda en cualquiera de sus diferentes espectros ideológicos, no tiene la posibilidad de disputar ni un 1% del terreno ideológico. El algoritmo está construido para que eso pase.
Contradicciones interesadas
Las contradicciones de quienes viven en el eterno sorpasso y en quién traicionó a quien son tan evidentes, que dan vergüenza ajena. Acudir a La Sexta supone una puñalada a la «izquierda» y es un terreno que no se debe disputar. Eso sí, ir a una entrevista al canal de YouTube de un palmero de Alvise Pérez y pasarse el día en la red social amañada de Elon Musk sí son lugares legítimos que disputar.
Contextualizo para quien no entienda a qué me refiero. Desde Diario Red dicen «lo último que tiene que hacer la gente progresista y de izquierdas cuando los reaccionarios avanzan en cualquier ámbito de la vida es retirarse».
Y la pregunta es ¿por qué afear a quienes van a disputar el relato en La Sexta? ¿Por qué retirarse de los platós de La Sexta? ¿Qué diferencia hay entre Elon Musk y Antonio García Ferreras? ¿Cuál es el criterio a seguir? ¿El colaborador habitual de Iker Jimenez tiene mayor legitimidad? ¿Por qué?

Aunque no estoy de acuerdo con disputar cada espacio, aplaudo a quienes quieren disputar el relato contra una pared, bajo cualquier circunstancia sin dar lecciones de comportamiento al resto. Sea en La Sexta o en Twitter. Es legítimo aunque yo no crea que se pueda disputar el relato a una pared en un terreno amañado. Yo creo en tejer redes ideológicas que nos permitan convencer y enseñar a la gente que otro horizonte es posible (y que se me entienda, no hablo de reformar el campo de juego existente). La diferencia entre revolcarse en una pelea en el barro y construir algo nuevo, es que lo segundo requiere de mucho más esfuerzo y no da dinero. Mantenerse en el barro es su propia estrategia empresarial, usando a la política como vehículo, porque el barro fideliza clientes.
¿Qué es Bluesky y por qué ir?
Vamos a lo técnico. Bluesky se caracteriza por su enfoque en la propiedad de la identidad y de los datos. A diferencia de Twitter, donde la empresa posee los datos de los usuarios, Bluesky permite que los usuarios tengan un mayor control sobre su identidad digital.
En Twitter, la identidad y los datos son propiedad de la empresa. Con atproto, el protocolo utilizado por Bluesky, los usuarios controlan directamente su identidad digital y los datos que crean. Siendo posible trasladar los datos a cualquier otro servidor en cualquier momento, asegurando que nuestros datos no estén atados a un único servidor. Esta capacidad permite una verificación independiente y facilita la distribución de copias adicionales de la huella digital del usuario.
Al ser un sistema federado, cualquier persona puede gestionar las partes del protocolo por sí misma, como su propio servidor.
Bluesky busca ser una red social tanto federada como global. Es decir, la red permite que los usuarios gestionen sus propios datos (federada), pero presenta una experiencia unificada a todos los usuarios (global). Esto se logra mediante un servicio llamado Relay que «junta» todos los nodos dispersos y los unifica virtualmente para que podamos verlo en un mismo sitio. Es decir, gracias a su protocolo atproto, podríamos tener nuestros propios servidores y otros elementos y seguir disfrutando de la aplicación; quiera comprarlo un millonario o quiera aplastarlo Donald Trump desde la administración del gobierno estadounidense. Algo que con Twitter (e incluso otras como Instagram, TikTok, etc) era imposible.
Bluesky es el resultado de un equipo en Twitter que pidió independencia para crear algo nuevo, alejado de las redes sociales controladas por fondos de inversión; que tienen objetivos distintos a la de la mayoría social (y a los de sus propios usuarios). Esto no quiere decir que Bluesky viva alejado del sistema capitalista o que sea la herramienta definitiva para construir un debate público lejos de la influencia de los grandes capitalistas; simplemente nos ofrece una herramienta más democrática que Twitter, que nos permite, a día de hoy, disputar el terreno ideológico. La propiedad de la imprenta, y la plusvalía que genera, sigue siendo la misma que en el siglo XIX, la única diferencia es el margen de maniobra que tenemos.
Bluesky nos da la ventana de oportunidad de construir un nuevo relato donde incluir a muchas personas que están hartas de un debate público viciado y sin horizonte. Discursivamente es un reset que hay que aprovechar para volver al ciclo de politización común, esta vez sin oportunistas.
