A esta nueva etapa comunicativa se le suele llamar en muchas ocasiones la cultura del click, pero para mí claramente es la cultura del pescador. Hemos aceptado con gusto que haya una especie de columnistas que te fuercen a opinar en base a su titular. Un titular con una fuerza muy superior a la de un cebo, un anzuelo y una caña; sino con la fuerza de la pesca de arrastre.
Opina, que quiero mi minuto de fama
Su intención es clara; generar un debate que haga, lo que llamamos en investigación, un muestreo de bola de nieve. Se busca que haya gente que opine en redes sociales sobre el artículo y así provocar que su círculo más cercano en redes muestre su opinión, a favor o en contra. Así la bola cada vez se hace mayor, las interacciones crecen y el ego del columnista aumenta.
Esto no sería problemático si la intención del columnista fuese dar una opinión sosegada sobre un tema que le preocupa, poniendo todas las variables sobre la mesa. Es decir, si nos preocupa la natalidad en España, poner sobre la mesa todas las variables que creemos que están afectando a que la natalidad sea baja; condiciones laborales, condiciones socioeconómicas, acceso a una vivienda en propiedad o a un alquiler estable, la secularidad, la educación y un largo etcétera de variables que son determinantes para que tomemos la decisión de tener un hijo o no. Pero el columnista canalla no habla de esas variables, a él le dan igual, él busca algo que polemizar y pisa el acelerador.
Creer que hay gente que considera que las mascotas pueden sustituir a un humano sí puede ser una variable cualitativa de la que hablar, puede ser, no digo que no. Pero escoger una de las ramas más pequeñas e insulsas de la problemática, y establecerla como única causante de un problema mucho más grave; no es solo cinismo, es infantil.
La problemática surge cuando este tipo de prácticas funcionan. Cuando decir la mayor mamarrachada que se te ocurre tiene efectos positivos tanto en tu medio como en tus redes sociales; las interacciones crecen y los seguidores aumentan. Ese es un punto de no retorno tanto para ti como para el medio. Para ti porque siempre vas a querer buscar esa grieta que convertir un océano y para el medio porque genera clicks.
El negocio de generar clicks
Tradicionalmente, los medios de comunicación han subsistido siempre de la publicidad. Cuando íbamos a los quioscos a por el periódico, el grueso de los ingresos no estaban en el euro que dejábamos a la quiosquera, sino los anuncios que iban colándose habilidosamente entre portada y columnas. Hoy es exactamente lo mismo, pero de una forma algo distinta.
A los medios solo les importa generar clicks porque es lo que venden a las empresas a final de año. Cuantos más clicks, más dinero en publicidad al año que sirve para pagar sueldos míseros para la redacción e infrasueldos a freelancers en lugares en conflicto. Cuánto mejor se posicionen ideológicamente con los intereses empresariales y del político de turno, mejor todavía. No vayamos a ignorar cómo la publicidad institucional riega de dinero a panfletos, que aunque no tienen el suficiente peso mediático, sí consiguen mover la opinión pública hacia donde el político desea; son el perro de presa de los grandes medios, lo que ellos no pueden decir, lo dicen los panfletos. Lo que el político y el empresario no pueden decir, lo dicen los panfletos.
En unas redes sociales y en un momento político donde todo está tan polarizado, lo que realizan estos «caza-clicks» son opiniones lo más controvertidas posibles, es generar, en quien lo lee, una reacción instintiva que decida un bando al que alistarse; a favor o en contra. Los medios de comunicación no son lugares que inviten al debate público de las ideas y de las soluciones. No invitan a pensar, solo invitan a posicionarse en una guerra donde nadie gana.
El problema
Según he ido avanzando en la columna, no me ha quedado claro si he expuesto correctamente la problemática de este tipo de artículos que buscan en el lector una reacción más que una reflexión. Pero ahí voy.
La búsqueda de la espectacularidad de los artículos, nos hace buscar herramientas cada vez más llamativas para generar ese impacto. Para ello, debemos ir a rascar en los márgenes de la sociedad o en afirmaciones que sean delicadas para la sociedad. Pongamos algunos ejemplos de titulares nauseabundos pero que pueden funcionar a la perfección: «Las bondades de Hitler» «Las víctimas del 11M fueron actores» y un largo escenario de titulares que hasta luego pueden ir corrigiendo durante el artículo porque la finalidad no está ni siquiera en leer el artículo, está en que se haga click y sacar la captura del titular para usar un sesgo de autoridad en cualquier discusión tuitera.
El por qué la sociedad ha decidido informarse por titulares es algo que han fomentado los medios de comunicación y las redes sociales en conjunto. Las personas no desean debatir y poner sus sesgos en tela de juicio, las personas necesitan reforzar sus sesgos. A las personas nos reconforta que nos los refuercen, a los medios les hace ganar dinero y a los columnistas les engrandece el ego unos numeritos grandes en visualizaciones.
