Syriza: crónica de una muerte anunciada

Desde la llegada de Kaselakis, Syriza ha sufrido dos escisiones y una crisis interna que ha provocado un terremoto político. Como consecuencia, la pregunta es obvia, ¿estamos ante el final de un ciclo?

Adrián Díaz Carrasco
10 minutos de lectura.
Kasselakis durante un discurso antes de la moción de censura en su contra.Wikimedia Commons

Desde escisión del KKE, el partido comunista griego, hasta su fundación como alianza de partidos progresistas en 2004, llegando a su conversión en partido único en 2013. El partido SYRIZA, acrónimo de la colación de partidos que representa, ha sido uno de los que más fuerza y poder ha tenido dentro de la Unión Europea de los surgidos del ciclo político consiguiente a la crisis del 2008.

No obstante, pese a llegar a presidir el país entre 2015 a 2019 con Alexis Tsipras a la cabeza, e incluso doblegar al PASOK (tradicional partido de centro izquierda) desde 2012, el partido se encuentra en el filo de la navaja. Una crisis interna sin precedentes amenaza con la estabilidad y credibilidad del proyecto. Sobre todo después del batacazo de las últimas elecciones generales de 2023.

Ante esta situación y, haciendo un paralelismo que recuerda con lo que ha vivido Podemos en España: ¿estamos ante el final del ciclo político surgido tras la crisis del 2008?

El comienzo del fin

Concentración del partido Syriza en la plaza Syntagma, 24 de mayo de 2019.

Syriza siempre ha representado una amenaza para la política de la UE. Todavía resuena en la conciencia popular aquello de «si llegan al poder, Grecia deberá abandonar la Eurozona». El partido tuvo que soportar toda una campaña del miedo mediática orquestada en su contra. Ya que, por entonces, se había convertido en un movimiento que consiguió capitalizar el descontento que tenían las clases populares griegas. Aprovechándose de la ineficacia de las políticas del PASOK y Nueva Democracia (partido conservador griego).

Pese a ello, las elecciones de 2015 confirmaron los presagios y, por primera vez, llegaba al gobierno un partido alternativo al Consejo de los Helenos. Sin embargo, paradójicamente, posiblemente aquí se empezó a germinar el inicio de su final. Cabe recordar que la legislatura 2015/2019 estuvo dividida en dos períodos: uno que abarca del 25 de enero al 20 de septiembre y un segundo de de septiembre de 2015 a julio de 2019.

El primer período es la clave para entender el paulatino descenso de Syriza. Por aquel entonces, el país se encontraba en el ojo del huracán de la crisis bursátil de 2008. Las consecuencias sociales estaban siendo tremendas y desde las instituciones europeas solo había hostilidad y amenazas. Los años de la Troika (formada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) cayeron con aplomo sobre el gobierno griego. Llegando a un punto de no retorno con el ultimátum del 25 de junio: o se aceptan los recortes, o se abandona la concesión de préstamos (los famosos «Rescates a la banca»).

Alexis Tsipras decidió convocar un referéndum donde se preguntaba a la población si debían aceptar las condiciones que imponía la Troika. El debate político aquellos día fue un hervidero, hasta que, el día 25 de junio, la gente debió votar entre el SÍ (ΝΑΙ) o el NO (ΟΧΙ).

La aplastante victoria del NO al control del capital griego a manos de la Troika y la negativa del recorte presupuestario propuesto daba a entender la resistencia de la sociedad griega a la injerencia europea. Pese a las amenazas de corralito bancario, la población decidió mantenerse firme. No obstante, contra todo lo expuesto, el gobierno decidió firmar a los pocos días un tercer paquete de ayudas donde las condiciones eran muy similares a las rechazadas días antes. El referéndum quedaba en papel mojado y la sensación de traición al resultado de las urnas convirtieron a Syriza en el centro de todas las críticas.

De hecho, las más sangrantes vinieron de dentro y no se hicieron esperar: escisión de 25 diputados de Syriza (formarían el partido Unidad Popular –Λαϊκή Ενότητα-) y convocatoria de nuevas elecciones. El enorme descontento popular era palpable en las calles, aunque Tsipras consiguió capear el temporal y volver a ser reelegido. Ahora bien, pese a conseguir agotar legislatura, la inestabilidad política fue una constante y el descontento hacia la «traición al no» le hizo perder una enorme popularidad hasta día de hoy.

La llegada de Stefanos Kaselakis

Estéfanos Kaselakis habla con los medios en la sede de la formación en Atenas, el 18 de septiembre. | Anadolu Agency vía Getty Images

Con esta situación llegaban las elecciones de 2019. La sensación de un cambio político era palpable y Nueva Democracia conseguía el cetro de mando de nuevo. Con el regreso de los conservadores al poder de la mano de Kyriakos Mitsotakis. Syriza volvía a la oposición y pese a su pérdida notable de fuerza, mantenía su ventaja sobre el PASOK. Por lo que seguía controlando el espectro político de la izquierda parlamentaria.

Pese a las medidas neoliberales adoptadas por Nueva Democracia y la pauperización de los salarios y empeoramiento general de las condiciones de vida, Tsipras no consigue conectar con la población. Así pues, 2023 marca el final de la época de Alexis Tsipras como presidente del partido tras los dos batacazos electorales: en mayo (consigue 71 diputados) y la repetición de junio (consigue 47). La dimisión de Tsipras no tarda en llegar y se convocan elecciones primarias para elegir nueva presidencia.

Es aquí cuando entra por la puerta grande un personaje político completamente desconocido: Stefanos Kaselakis. Empresario, de familia acomodada y exmiembro de Goldman Sachs. En EE.UU. fue miembro del partido demócrata aunque, paradójicamente, defensor de las políticas neoliberales de Ronald Reagan y Nueva Democracia. Incluso llegó a oponerse a los gobiernos de Syriza de Tsipras.

Una elección impredecible que durante el último año ha sido un perpetuo terremoto interno. Kaselakis ha intentado transformar Syriza en un nuevo partido demócrata al estilo estadounidense. De corte liberal, centrista y más influido por las esferas anglosajonas. Las reacciones y críticas internas han sido muy notables. Concluyendo todas en una nueva escisión de 11 diputados (Nueva Izquierda -Νέα Αριστερά-), la salida de 46 miembros pertenecientes al grupo Movimiento 53+ y las críticas de Tsipras a su mandato. Todas ellas precipitaron la moción de censura del pasado mes de septiembre, saliendo favorable su destitución.

¿Un cadáver caliente?

Reflejo de dos sombras junto al logo del partido. | Vía Sofokleousin.gr

Tras su salida, las denuncias de Kaselakis de falta de «democracia interna» en el seno del partido han sido una munición política perfecta para Mitsotakis. Quien sigue observando cómo la oposición se disuelve como un azucarillo en leche. Además, Kaselakis confirmó el pasado 13 de noviembre la creación de su propio partido: Nuestro Movimiento -Το δικό μας κίνημα-. Donde busca llevar allí las ideas y reformas que no pudo materializar en Syriza, confirmando otra escisión del partido.

Lejos de calmar los ánimos, el PASOK, el cual también celebró primarias el pasado mes de octubre, ha reelegido a Nikos Andrulakis. Elección que confirma su posición de liderazgo y con el que buscan consolidar el exponencial crecimiento que ha tenido el partido en los últimos años.

Tanto es así que, el pasado día 21 de noviembre, la dimisión de dos diputados de Syriza (Yota Poulos y Theodora Tzakri) provocaba un hecho insólito: el cambio de partido como oposición oficial durante una legislatura. Es decir, Syriza, que contaba con 31 diputados (tras la resta de todas sus escisiones previas), pasan a tener 29. Por tanto, el PASOK con 31 pasa a ser el nuevo partido oficial de la oposición. Algo insólito que está trayendo un auténtico maremágnum de reacciones en la tribuna política helena.

Por primera vez desde hace más de 10 años, el PASOK vuelve a ser la oposición oficial, confirmando la vuelta del bipartidismo clásico griego. Al mismo tiempo, Syriza se encuentra con el menor poder parlamentario desde su fundación como partido. Además, están en plena guerra interna compartiendo espacio con todas sus escisiones. Mientras tanto, los partidos de extrema derecha siguen aumentando en popularidad. Esta situación plantea nuevas cuestiones:

  • ¿Estamos ante el final del ciclo político surgido de la crisis?
  • ¿Quién capitalizará el descontento de los abstencionistas (representan un 47% de los electores en las últimas elecciones)?
  • ¿Acabará desapareciendo Syriza?

Cuestiones que habrá que responder en función a las novedades que nos traiga el curso político durante 2025.

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