Bibliotecas: nuestro Prometeo encadenado

Tras la celebración del día de las Bibliotecas, vuelven las reivindicaciones contra las deficiencias que atraviesa todo el sistema bibliotecario.

Adrián Díaz Carrasco
10 minutos de lectura.
Interior de la Biblioteca García Márquez (Barcelona)Fuente: Wikimedia Commons

El bibliotecario Gabriel Naudé escribió en 1627 una de sus citas más famosas cuando afirmó que «las bibliotecas son los lugares del ejercicio público de la razón». Es por ello que, estos días, toca hablar de ellas y de su situación.

El Día de las Bibliotecas se celebra, en España, cada 24 de octubre desde 1997. Esta fecha recuerda la destrucción de la Biblioteca de Sarajevo en 1992 en el contexto de las guerras Yugoslavas. Un recuerdo de cómo la barbarie destruyó uno de los focos de conocimiento más importantes de la Europa Balcánica.

No obstante, pese a su importancia, empiezan a haber una serie de indicios que podrían estar planteando un cambio de paradigma preocupante.

Suenan alarmas de fondo

En España existen muchísimas bibliotecas y de múltiples tipologías; desde las municipales a las Públicas del Estado, pasando por las universitarias, escolares o especializadas. Por ello, hacer el mapa de todas ellas y vigilar sus «constantes vitales» es fundamental para tomar el pulso a la cultura de un país.

Teniendo esto en cuenta, si se atiende a los datos que facilita el Ministerio de Cultura sobre las Bibliotecas Públicas del Estado, en sus datos de 2022 (los más recientes), se pueden sacar unas lecturas interesantes: hubo en toda España un total de 9.374.033 visitantes, pero sólo 358.527 eran usuarios activos. Claro está que del estudio quedan afuera las bibliotecas universitarias o municipales, pero es paradigmático que las B.P.E. (las más importantes, generalmente), tengan tan pocos usuarios activos. Dato que, si se pone en comparación con 2018, hace saltar las alarmas al haber un decrecimiento de 137.164 usuarios.

El personal especializado tampoco tiene mejor suerte, ya que manteniendo los datos públicos, vemos que en 2018 había un total de 364 bibliotecarios/as frente a los 342 de 2022. Un pequeño decrecimiento que, aunque pueda parecer nimio, empieza a ser preocupante. Si se traducen estos datos a la situación de las bibliotecas municipales, las cuales son las más numerosas (debe haber en todo municipio de mayor de 5.000 habitantes por ley), se ven las consecuencias.

Interior de la biblioteca del barrio San Blas (Alicante) | Ayuntamiento de Alicante
Interior de la biblioteca del barrio San Blas (Alicante) | Ayuntamiento de Alicante

Por poner dos ejemplos: Leganés y Alicante. Ambas ciudades tienen problemas muy graves con el personal. Por hacerse a una idea, el municipio madrileño cuenta con 190.665 habitantes censados, para los cuales, a día de hoy, hay 4 ayudantes de biblioteca y 5 auxiliares para 6 bibliotecas. Esto es un drama que obliga a hacer malabares para cubrir de forma deficitaria un servicio público que debería garantizar el consistorio, obligando a cerrar bibliotecas. Si nos vamos a Alicante (349.282 habitantes), la situación es un calco: 14 personas para 11 bibliotecas; siendo habitual ver en las puertas el cartel «cerrado hasta nuevo aviso».

¿A qué se debe esta falta de personal?

Podríamos enumerar varias causas:

  • Un sistema de oposiciones muy engorroso que dificulta muchísimo el acceso a nuevo personal. Cada biblioteca tiene sus propios temas, particularidades, exámenes y tasas. No existe una homogenización metodológica.
  • Con tal de ahorrar dinero, las administraciones suelen publicar convocatorias de puestos donde las responsabilidades no coinciden con los subgrupos ofertados. Por ende, los salarios son más bajos en relación al trabajo realizado.
  • La falta de profesionales formados en biblioteconomía y archivística hace que los tribunales estén formados, mayoritariamente, por administrativos. Esto ocasiona que los exámenes tengan, en muchas ocasiones, un mayor peso los temas administrativos que los propiamente específicos de biblioteconomía.
  • El propio avance tecnológico hace que muchas plazas, una vez producida una jubilación, por ejemplo, sean amortizadas. Ya que las tareas ahora las realiza una máquina.
  • La precarización generalizada que sufre el sector debido a que muchas administraciones públicas optan por privatizar los servicios bibliotecarios, los cuales pasan a las nuevas empresas ofreciendo contratos basura.

Consecuencias nefastas

Esto genera que se produzcan situaciones tan surrealistas como las de la Universidad de Granada, donde ninguno de los 900 inscritos consiguió aprobar el examen de auxiliar (se quedaron 17 plazas desiertas) o que la gente joven apenas tenga opciones ante los que tienen más experiencia.

Detrás de este tipo de prácticas se esconden motivos económicos. La infrafinanciación que padecen las bibliotecas se plasma en todos los aspectos: desde la pauperización de sus trabajadores y la calidad de sus servicios, hasta al propio mantenimiento de los edificios. Todo ello motivado por la falsa creencia que de que son un sobregasto. Siguiendo el ejemplo alicantino, la partida presupuestaria para mantener las 11 bibliotecas de la ciudad no llega ni a 28.000 €.

Esta desidia está provocando numerosos problemas. El caso más reciente ha sido la inundación que ha afectado a la Biblioteca Nacional en una de sus plantas, dejando atónito a cualquiera que viera las imágenes.

Vídeo de El País sobre la inundación en la Biblioteca Nacional de Madrid.

La imagen se ha hecho viral en redes, evidenciando los problemas estructurales que sufre la BNE. Desgraciadamente, la situación no es mucho mejor en otros puntos de la Península. Aquí cito el caso de Benidorm y la caída del techo de su biblioteca por una fuga de agua que obligó a cerrar la sala infantil.

La dejadez de (algunas) instituciones es sorprendente. Más, cuando estamos hablando que es una de las responsabilidades que otorga la Constitución (art. 44.1) cuando cita que:

«Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho»

No solo es la pérdida de riqueza patrimonial bibliográfica, es que incluso podríamos tener daños personales en las situaciones más extremas. No son poco los casos donde la climatización de los edificios, teniendo que trabajar y estudiar en algunos casos con temperaturas extenuantes. Caso irónico teniendo en cuenta que este año el lema del Día de las Bibliotecas ha sido «Por un futuro sostenible», destacando su papel como refugio climático.

A todo ello, convendría destacar otros casos sumamente graves que se han ido dando en los últimos años:

Resistir y defender

Si se analiza la motivación que lleva intrínseca esta delirante desidia, no es otro que el de la privatización de servicios. Badajoz, la propia BNE o muchas de las bibliotecas de la red municipal de Madrid son casos recientes de este tipo de prácticas que pretenden reducir todo al rédito económico. Estos problemas ya se iniciaron hace más de 30 años cuando la UE emitió la famosa directiva de la compensación económica por préstamo a autores/as (en vigencia en España desde hace algo más de 10 años), siendo uno de los temas más polémicos que siguen vigentes en las «altas esferas» de la Biblioteconomía.

Sin embargo, no todo es negativo. Las bibliotecas públicas siguen mejorando y aumentado sus servicios: hoy existe una mayor alfabetización informacional, tenemos cuentacuentos y clubes de lectura de gran calidad, son espacios de formación para el empleo, acceso a internet, son lugares donde se promueve y favorece la integración social a aquellos colectivos más desfavorecidos o minoritarios, permitiendo salvar las brechas digitales y de conocimiento, etc. Todo ello de forma libre y gratuita.

Imagen de la manifestación producida en Barcelona en abril de 2024 | del usuario de X Defensembiblios
Imagen de la manifestación producida en Barcelona en abril de 2024 | del usuario de X Defensembiblios

Por ello, siempre hay que agradecer a las y los profesionales de las bibliotecas, pese a la continua precarización, su resistencia y tenacidad. Gracias a su dedicación, podemos decir que la mejor biblioteca del mundo es la García Márquez de Barcelona (premio otorgado por la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias 2023), que la riqueza bibliográfica de nuestras redes bibliotecarias es envidiable a nivel internacional o que seguimos añadiendo servicios como eBiblio o «Pregunte, las bibliotecas responden» que siguen sumando facilidades para que más gente se sume como usuarios activos.

En resumidas cuentas, las bibliotecas nos otorgan el oxígeno que respiramos como sociedad. De su cuidado depende nuestro acceso al conocimiento, a la cultura y a tantas otras necesidades. Por eso son nuestro particular Prometeo y por ello debemos defenderlas de quienes buscan privarnos del fuego que nos ofrece.

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